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Terra
La Coctelera

Carta para Volvernos a ver

Lo feo fue quererte, mi Fea, conociendo cuánta víbora
era tu sangre, lo monstruoso
fue oler amor debajo de tu olorcillo a hiena, y olvidar
que eras bestia, y no a besos sino a cruel mordedura
te hubiera, en pocos meses, lo vicioso y confuso
descuerado, y te hubiera en la mujer más bella ¡por Safo! convertido.

Porque, vistas las cosas desde el mar, en el frío de la noche oceánica
y encima de este barco de lujo, con mujeres francesas y espumosas,
y mucha danza, y todo, no hay ninguna
cuyo animal, oh Equívoca, tenga más desenfreno en su fulgor
antes de ti, después de ti. No hay ojos verdes
que se parezcan tanto a la ignominia.

Ignominia es tu sangre, Burguesilla: lo turbio que te azota por dentro,
remolino viscoso de miedo y de lujuria, corrupción
de todo lo materno que es la mujer. ¡Acuérdate, Malparida, de aquella pesadilla!
No hay trampa que te valga cuando tiritas y entras al gran baile del muro
donde se te aparecen de golpe los pedazos de la muerte.

No te perdono, entiéndeme, porque no me perdono, porque el mar
-por hermoso que sea- no perdona al cadáver: lo rechaza y lo arroja
como inútil estiércol.
Muerta estás y aun entonces, cuando dormí contigo, dormí con una máquina
de parir muertos. Nadie podrá lavar mi boca sino el áspero océano,
Mujer y No-mujer, de tu beso vicioso.

Lástima de hermosura. Si hoy te falta de madre justo lo que te sobra
de ramera
y de sábana en sábana, desnuda, vas riendo
y sin embargo empiezas a llorar en lo oscuro cuando no te oye nadie,
es posible, es posible que descubras tu estrella por el viejo ejercicio
del amor, es posible que tanta espuma inútil
pierda su liviandad, se integre en la corriente, vuelva al coro del Ritmo.

Tal vez el largo oleaje de esta carta te aburra, todo este aire solemne,
pero el Ritmo ha de ser océano profundo
que al hombre y la mujer amarra y desamarra
nadie sabe por qué y, es curioso, yo mismo
no sé por qué te escribo con esta mano, y toco
tu rara desnudez terrible todavía.

No hablemos ya de mayo ni de junio, ni hablemos
del gran mes, mi Amorosa, que construyó en diamante tu figura
de amada y sobreamada, por encima del cielo, en el volcán
de aquel Chillán de Chile que vivimos los dos, y eternizamos,
silenciosos, seguros de ser uno en el vuelo.

No. Bajemos de ahí, mi Sangrienta, y entremos al agosto mortuorio:
crucemos los horribles pasadizos
de tus vacilaciones, volvamos al teléfono
que aún estará sonando. Volemos en aviones a salvar
los restos de Algo, de Alguien que va a morir, mi Dios, descuartizado.

Digamos bien las cosas. No es justo que metamos a ningún Dios en esto.
Cínicos y quirúrgicos, los dos, los dos mentimos.
Tú, la más Partidaria de la Verdad, negaste la vida hasta sangrar
contra la Especie (¿Es mucho cinco mil cuatrocientas criaturas por hora...?)
Los dos, los dos cortamos las primeras, las finas
raíces sigilosas del que quiso venir
a vemos, y a besamos, y a juntamos en uno.

Miro el abismo al fondo de este espejo quebrado, me adelanto a lo efímero
de tus días rientes y otra vez no eres nada
sino un color difícil de mujer vuelta al polvo
de la vejez. Adiós. Hueca irás. Vivirás
de lo que fuiste un día quemada por el rayo del vidente.

Mortal contradictorio: cierro esta carta aquí,
este jueves atlántico, sin Júpiter ni estrella.
No estás. No estoy. No estamos. Somos, y nada más.
Y océano,
y océano,
y únicamente océano.

Gonzalo Rojas*

Lo que daría yo...

Lo que daría yo

Pagaría al Diablo por saber qué es eso que quisieras contarme y no puedes.
Todo aquello que intentas explicarme y te cohíbes.
Me vendería el alma al diablo.
Pagaría al Diablo por saber qué piensas, qué sientes cuando dices: "No me olvides"...

Sky Pilot*

Obituario- Presentación de Sky Pilot*

"Obituario"

Por sky pilot*

Martha Gallegos murió el anochecer del inicio del otoño. Como un anuncio de lo siguiente que ocurriría, el cielo se ha dejado cubrir entonces por ese cristal translucido, inquebrantable aun, cubriendo toda la ciudad que alguna vez atestiguara sus pasos, por una fina brisa que no deja ver más allá o lo que ella veía. La lluvia siempre fue un acontecimiento maravilloso para ella pero a la vez desafortunado.

Murió en manos del poder inquebrantable místico intuitivo, si se quiere, del azar. Fundida, diluida, arropada en el tiempo fijo de las coincidencias. Encontrando la otra parte de lo que era su idioma: la casualidad.

Fue una persona frágil y vulnerable a los hechos que pretendía ignorar en un comienzo. Ignorar sin ignorancia. Es justo como olvidar de la manera mas sincera y no por una vulgar oportunidad provocada.

De cualquier manera siempre una parte de Ella era la misma aunque reprimiera.

Basta un accidente que permite fulminarnos y entonces comenzar a ver aquello, recordarlo ¿Por qué no? Y caer en los brazos y dulces labios del “mundo cómico y aterrador” como decía aquel.

Quizá porque son cosas que siempre están allí pero aun no es momento de verlas. Quizá aquello. Quizá lo otro. Pero descubrir esto o recordar que existía, la hizo finalmente adentrarse en un mar del cual no pudo ni quiso salir.

Buena amiga. Artista atormentada. Amante de la metáfora, juegos de palabras y silogismos. Inhibida por naturaleza. Una chica de carácter fuerte. Seria. Sencilla. Noble. Leal. Divertida. Sincera. Siempre conservando algún aire de misterio. Algo torpe, con su cabecita trastornada de tanto pensar y alabar a los corderos y sus formas locas allá en el cielo donde el tiempo no pasa. Incrédula a veces. Esperanzada, soñadora, sensible y con fuerza para seguir en pie alentando a cualquiera no importando cuanto más cayera.

Pero ha caído. Martha Gallegos, esta ave de paso cayó enredándose sin remedio alguno en la maraña de alguien y de las insignificancias monstruosas. En los sueños espumosos y extravagantes relatados tantas noches de insomnio forjado ella misma. En donde nada es lo mismo, donde nada lo es desde el momento que algo sucede y, ese germen, dijera el otro, se adueña de ti no solo acabando contigo: te vuelve a subir a flote una vez mas.

Y como es una vez más, se torna maravilloso.

El bosque, o algo así, fato, que se yo, se cuelga del cielo a tierra. Cúpula sin principio y fin. ¿El destino? Eso le dio miedo, algo con lo que siempre había soñado. Un serendipity y descansar.

Tal ves si nos empeñáramos en escuchar lo que se ve y ver lo que se escucha podríamos lograr ver eso que ella vio. Y hoy, yo, su amiga eterna de toda la vida trato de plasmarlo aunque se no es lo correcto.

Pero Martha, esa tipa tan rara bien puede ser un ejemplo en el atlas de si no el fin a lo que se podría llegar, el ejemplo del significado de la locura, la magia y el misterio de todo lo que esto encierra. De lo que aquello llamado amor hace.

Martha ha sido victima de lo que pensó no existiría mas (siempre emborrachándose bien para no pensar decía otro). Pero en cuanto subió a flote, de todas sus opciones, la única inevitable constante y sin dudas fue la que tomo el día de su muerte.

Es eso lo que quizá falta. Ese empeño, la magia, lo que esta allí bajo de la camisa y el hueso: la fuerza del corazón. La magia. A insistir once more y solo así saber el “a ver que” justo como el “siempre contarlo y quitarse esa cosquilla…” simple.

Dejar de preguntarse si valdrá la pena (palabras siempre robadas de su boca por un extraño) y ahora lo sabrá, será mejor que pasar el resto de su vida preguntándose y dejar que a todas esas cositas, a las respuestas, les salgan patas y huyan.

Echada a la intuición arrebatada. A las palabras arrebatadas. A sus letras arrebatadas. A sus pensares arrebatados. A sus sueños arrebatados (debo aclarar que el termino “arrebatado” es igual al “compartido” causa de los accidentes fortuitos) murió.

En el mundo de algún tipo tan raro y delirante, aquel tan inalcanzable y maravilloso el cual le fue arrebatando todo, murió.

En el accidente fortuito del cual no tuvo control, murió.

En ese mundo mágico cómico y aterrador pero excitante del azar murió.

Para terminar, lo mas gracioso es que Ella lo sabia desde hacia poco tiempo, pero no quería aceptarlo.

Y cuando finalmente la abogada de la indecisión, de la contradicción, es decir Ella, tomo las riendas, la opción de tantas, murió.

En el anochecer del inicio del otoño 2005 ha muerto.

Martha Gallegos murió de amor.